1.6.09

Star Trek: la fórmula friki-blockbuster perfecta


A primera vista, una peli veraniega sobre viajes espaciales, malos maquillados y actores jóvenes y guapos sólo tiene dos posibilidades: ser una gilipollez o petarlo en taquilla. JJ Abrams ha encontrado una fórmula que no consigue ninguna de las dos cosas, pero sí algo insospechado: que te olvides de todo el Star Trek anterior si no te atraía, y que te mole aún más si eras fan. Ha encontrado la fórmula del equilibrio entre el frikismo del tipo gafotas collejil del que tiene aspecto, y la capacidad de crear fenómenos comerciales sin precedentes del inteligentísimo productor/director/creador que es.

No es extraño, pensando que viene de un mundo que persigue aunar en sus productos la capacidad de enganche a priori con la fidelidad del frikismo: la tele. Lost o Alias no andan escasas de una mitología tan intrincada y orgullosamente vergonzante como la de Star Trek-serie. de hecho, es absurdo que se diga que JJ no era muy apropiado para hacer esta peli, porque considerando que sus creaciones televisivas beben directamente de la tele de los años 60, y que su anterior y hasta entonces única peli era Mission:Impossible 3, su nombre era prácticamente el único de una lista muy corta de gente capaz de hacer lo que ha hecho: que a mi novia le guste Star Trek.

Como película, es un blockbuster clásico, de esos que Kurtzman y Orci están aprendiendo a hacer a base de contar sus guiones por taquillazos y hacerlos cada vez mejores, más finos, mejor diseñados: ritmo endiablado; personajes bien desarrollados pero ligeros, susceptibles de ser interpretados por actores-guapos-pero-no-aostiables (el esfuerzo de Pine en este sentido es bastante loable, como el de LaBeouf en Transformers); set-pieces de acción que permitan lucirse a la vez a los de la ILM y no hagan levantar una ceja al espectador con un cerebro de más de 12 años; capacidad de integrar mitologías diversas en la trama, desde la propia de la serie (el Kobayashi Maru, simplemente mítico) hasta la del director (pedir Slusho en el bar de la pelea), pasando por la de los clásicos (lo primero que pide Scotty al llegar a la Enterprise es UNA TOALLA, joder). Eso sí, los chavales tienen bastante con éso, porque a la hora de diseñar la historia...




Pero bueno, si a ésto le unimos actores serios pero en estado de "me estoy ganando la pasta, pero como molo", efectos y luces Spielbergianas a muerte, y un montaje del que debería aprender Iron Man para su secuela, tenemos un tren a toda pastilla que te hace olvidar de un plumazo las máscaras de goma de las pelis de Frakes y el pesadito rollo "New Age" al que intentaba jugar La Nueva Generación en sus entregas menos inspiradas.

Ni siquiera hay un intento de recuperar a un personaje supuestamente mítico, que a mí siempre me ha dado algo de grima, como es Data. JJ y sus compinches están a recuperar el espíritu inocente en el mesaje pero profundamente intrincado en la trama que caracterizó las primeras pelis y la serie de Star Trek. Se cepilla sin peidad lo que vino después, y éso es una declaración de principios en sí misma: pasemos de evoluciones, vayamos a la médula. Y aprueban con nota.

Los actores están bien, aunque Anton Yelchin no le haya pillado el punto exacto a Chejov y Uhura se haya alejado un pelín del rollo "Foxy Brown" de la original. McCoy, en cambio, queda intacto en manos de Urban, incluída la diferencia de edad con el resto, muy acertada. Sin embargo, esta peli es de Zachary Quinto. Escogido probablemenete por su parecido con Nimoy (a JJ le pierde su adicción a las fachadas, o como dice Nacho Vigalondo, "sus frecuentes incursiones en el universo l'Oreal"), el joven actor encuentra el punto exacto de frialdad y comunicación y confirma que el bluff "Héroes" le debe, prácticamente, su existencia misma.

JJ (acabo) cumple con su estilo habitual, a medio camino entre Michael Bay y Spielberg, si bien alguien debería decirle que los primeros planos a razón de medio segundo el corte marean un poco en una pantalla gigante. Y que dar vida a los FX llenándolos de reflejos y dopplers ya lo hace Kaminsky, pero no es necesario en cada jodío plano. Aparte de éso, el tipo sabe lo que es la épica, lo que la diferencia del intimismo, y sólo le falta un puntito de oscuridad al anfrentarse a los aspectos más sangrientos de la acción.

Por lo demás, Michael Giaggino es el puto amo. Conseguir que no eches de menos a Jerry Goldsmith es como para que te crezcan un par de huevos adicionales por chulería.

Y ya está. Es una pena que esta peli se haya dado un pequeño bofetón en taquilla en España, sobre todo teniendo como únicas contrincantes a "X-Men Disasters: Lobezno?en serio?" y "Ángeles y demonios", que si es el doble de buena que el libro, ya no es mortal y sólo da vergüenza ajena. Y es una pena porque en tiempos de ver pelis en pantallas de PC, versión "guarromanScreener" vale la pena cascarse una del espacio con algo de ingenio. Sin intentar entender la historia, por éso.

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