1.10.06

VUELO 93: SIN BANDERAS, MUCHO MEJOR

Vaya por delante que no tengo nada contra nuestro actor malagueño más internacional y que el título no tiene nada que ver con él. Dicho ésto, aclaro: ésta es una crítica de "United 93". Vamos allá.
Paso de comentar las circunstancias del argumento de la peli porque aquel fatídico día está en la memoria de todos nosotros (Bush, Aznar y alimañas de su especie se encargan de que no desaparezca de ahí). El caso es que, como película, la historia del avioncito se sale, por todas partes.
Durante una primera hora absolutamente magistral, nos perdemos tanto como lo estuvimos aquel día. La información fluye, desborda, se estanca, estalla antre nuestros ojos, sin que veamos un fin a un caos de despropósitos dolorosamente reales de cuyo aclaramiento el director no se hace responsable. Ni siquiera la presencia de pizarras y de constantes recuentos por parte del jefe del tráfico aéreo de Nueva York nos ayudan, y es que lo que Mr. Greengrass persigue es sumirnos en la vorágine. Todos sabemos de sobra lo que pasó ese día, al menos lo que nos contó la CNN y sus lacayos; no necesitamos que ningún cineasta con voluntad didáctica nos ponga en clarito todo el tema. El británico está más interesado en hacernos rememorar el desasosiego, el asombro, el atasco mental. ¿Para qué? Muy sencillo: porque nos lleva de la manita hacia la cabina de pasajeros del vuelo 93.
Cuando subimos y nos quedamos en el avión definitivamente, tenemos tanta información en la cabeza y estamos tan perdidos a la vez como lo estaban los pasajeros: sabían, intuían, escuchaban rumores, pero nada estaba claro. En ese punto crucial de la película, la identificación emocional es tan profunda que nos olvidamos de que sabemos que nos vamos a estrellar; pensamos que pueden hacerlo, que lo tomarán y lo pondrán en tierra y que todo saldrá bien. Sin embargo, nos niegan tajantemente la figura del héroe catártico, y por éso la peli es, además de emocionante y entretenida, tan rematadamente buena. No porque nos ponga del lado de la gente normal y tal, éso ya lo hacen muchas, no; es porque es honesta. Nadie da discursos y nadie tiene un planteamiento ideológico claro. Ningún pasajero hace mención a la etnia de los secuestradores de forma insidiosa, ni a su nacionalidad americana para justificar su obligación de hacer algo; todo el mundo quiere salvar el pellejo y de lo que se trata es de actuar a la desesperada para intentarlo. Pues me gusta esa manera de verlo. Igual es poco agradecido para los que gustan del patriotismo, ya sea para seguirlo o para atacarlo, pero yo lo prefiero así, porque soy de los que piensan que las personas somos más importantes que la tierra qua pisan.
En el apartado estrictamente audiovisual, Paul Greengrass rules, como dicen los yankis. Este tipo consigue que la cámara en mano constante sea dramáticamente justificada y que la textura improvisada de la imagen no te impida seguir la historia. Tiene cierta tendencia a desenfocar, pero le saca una verdad al cuadro que pocos consiguen. Sólo se permite un destello de estilización en el plano que abre la película, magnífico cenital de Nueva York, mil veces visto pero matizado aquí con un potente detalle sonoro; el resto del metraje el trípode se deja en la funda y la verdad es que, aunque cuesta acostumbrarse, ayuda a la sensación de urgencia, de espontaneidad y de cercanía. Incluso en el momento más confuso se mantiene en sus trece, sacrificando el impacto visual de la escena final en pos de apretar la cuerda de la tensión, lo cual te cambia un algo de claridad por un mucho de riesgo de infarto de miocardio. Realmente dan ganas de saltar por encima de la fila de asientos de delante para entrar también en la cabina.
Matemos el tema patriótico, conspiranoico y sentimentaloide en un párrafo cortito: a)patriotismo: no aparece una sola bandera; nadie dice "soy ciudadano/a mericano/a" o "ésto no puede pasarnos a nosotros" ni una sola vez. Las víctimas tuvieron la mala suerte de ser estadounidenses, lo cual les convierte para muchos en poco mneos que merecedores de su suerte; obviamente, no para mí; b)conspiranoico: no creo que el ejército sea retratado de forma ejemplar, yno me importa si se ha omitido la explicación de los cazas que supuestamente derribaron el avión en vuelo; me interesa la historia de una gente que intentó sobrevivir sabiendo que no lo conseguirían, si se estrellaron solos o por culpa de un Tomahawk no cambian las cosas para sus familias; c)sentimentalismo: creo que si estuviera a punto de estrallarme en un avión y dispusiera de un teléfono, no llamaría a mi jefe para decirle dónde están los informes que me pidió; creo que diría "te quiero" más veces que en toda mi vida junta.
Al final ha salido más largo de lo previsto.
Conclusión: una peli que vale la pena ver, porque simple y llanamente te agarra y no te suelta; si estás pendiente de entender todo lo que se dice, estás jodido; si odias profundamente a los americanos, aunque éstos sean desconocidos condenados a morir por estar en el avión equivocado, a lo mejor cambias de opinión al verla; desde luego, es una película para los que, como yo, aman la vida y sufren, profundamente, con el sinsentido de la violencia, venga de donde venga y la sufra quien la sufra.

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