25.5.10

El Final de “Perdidos”


He de confesar que me desenganché de esta serie por pura vaguería. En la TVE pre-sinpubli era imposible seguir nada, y para cuando CUATRO la recuperó me pilló sin ganas de adicciones. Y me jode porque en su día fui un lostie de lo más asqueroso.

Así que he vivido con relativa distancia todo esto del final de una era y esas cosas. Por un lado, me hubiera gustado participar de la histeria colectiva, la noche perdida y las discusiones sobre los subtítulos y el supuesto purgatorio; pero por otro lado tengo suficiente perspectiva como para ver que hay gente que, pasara lo que pasara, se iba a sentir decepcionada igualmente.

“Perdidos” es una serie de misterio, género difícil porque juega con el masoquismo del espectador que disfruta con que le dejen dándole vueltas a las preguntas pero espera que un día u otro le den respuestas. El apasionado del thriller disfruta tanto de un buen final como del camino dentro del laberinto, pero me temo que muchos seguidores se cansaron de elucubrar y querían saber, y llegaron a odiar la espera. Se convirtieron en antifans: personas que pasan de admirar a demandar, de esperar a exigir, de comentar a juzgar, e inevitablemente, de ilusionarse a sentirse estafados. Ya no les bastan los episodios: ver la serie es un mero trámite para llegar al final, en el que quieren ver sus preguntas respondidas y sus expectativas satisfechas. Y no se dan cuenta de que la serie lo es por sus episodios, no por su final.

Es evidente que un buen final es una guinda perfecta. Pero juzgar una experiencia completa por com acaba es injusto, además de profundamnete subjetivo. Yo que soy un friki de los juegos mentales, el misterio y la ciencia-ficción, puedo decir que “Perdidos” me encanta; me gusta tanto, de hecho, que tengo previsto verla acabar en condiciones este verano, y que haber leído como acaba me da exactamente igual. Porque lo que me gusta es Kate, y su historia con el médico muerto por su culpa y su cápsula del tiempo con un avioncito de juguete dentro; el juego de encontrar los números en simples guiños; la molonidad extrema de Desmond; “The Constant”, una de los mejores conceptos de sci-fi de los últimos tiempos; el juego de espejos entre la muerte de Boone y el nacimiento de Aaron... todos esos momentos no se pierden porque no me guste la explicación religiosa o de que me de rabia que no salga un señor con barba blanca explicándomelo todo. Me enganché a esta serie porque me mantenía alerta, y no me hubiera gustado que acabara contándomelo todo con pelos y señales, despreciando mis teorías, insultando mi capacidad de asbtracción.

Ver una serie no es tragar capítulos hasta llegar al último; es disfrutar de toda ella, sabiendo que habrá cosas que, seguramente, no nos gustarán. Es una putada que una de esas cosas sea su final, pero hasta que no lo vea en su contexto, tampoco puedo juzgar. Pienso en “Urgencias”, que me estoy revisando desde el principio, y no me veo devorándola para ver qué pasa al final; de hecho, es que lo que me gustaría es que no hubiera.


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